La lectura de San Manuel Bueno, mártir (obra fascinante donde las haya) es más complicada de lo que pudiera pensarse a primera vista. El autor estaba particularmente orgulloso de la novela, tanto que manifestó: 'Tengo la conciencia de haber puesto en ella todo mi sentimiento trágico de la vida cotidiana'. Empecemos por repasar el argumento: Manuel Bueno es un cura que ha perdido la fe y pasa su vida entregado a los necesitados. Manuel no confiesa a sus fieles que ya no tiene fe porque desea que en ellos reine la paz que conlleva creer en la otra vida. Lázaro, un progresista, al que Manuel confía su secreto, decide ayudarlo en su labor humanitaria. Éste revela a la narradora de la historia (Ángela Carballino) lo que atormenta al párroco. Después de que fallezcan Manuel y Lázaro, Ángela se pregunta si el alma del sacerdote se habrá salvado.
La obra bebe de varias fuentes, tales como: Ciges Aparicio o Rousseau, pero quizá sea del italiano Fogazzaro y su obra Il Santo, escrita en 1905, la que más directamente esté emparentada con San Manuel Bueno, mártir. Así, los paralelismos entre los personajes de ambas novelas son muy relevantes. Hay que decir también, que el tema de la pérdida de fe es una cuestión recurrente en Unamuno, al igual que la idea de inmortalidad y de la salvación. Pero quizá lo más importante sea, como dice Lázaro Carreter, 'la alternativa entre una verdad trágica y una felicidad ilusoria [...] Unamuno parece optar [...] por la segunda (todo lo contrario de lo que harían los existencialistas como Sartre o Camús)'. Además, como sigue diciendo este crítico, 'San Manuel es la novela de la abnegación y del amor al prójimo [generando una] paradoja muy unamuniana: es precisamente un hombre sin fe ni esperanza quien se convierte en ejemplo de caridad'.
A diferencia de otras del autor, la novela no plantea grandes innovaciones estructurales -como pueda hacerlo en Niebla-, al menos aparentemente, sin embargo hace un interesante desdoblamiento entre autor y narrador (narradora, en este caso), pues el escritor usa el recurso del 'manuscrito encontrado' que ya el ilustre Miguel de Cervantes hiciera famoso (una vez más, como en tantas otras ocasiones, hemos de remitirnos al Quijote). Así, todo lo que Unamuno nos cuenta lo hace a través de Ángela, en un inteligente distanciamiento del lector, usando esa técnica dialogística que tan buen resultado le diese en obras anteriores.
La simbología de la novela es ciertamente importante. En primer lugar diremos que los nombres nos informan de la particular caracterización que el escritor ha elegido para cada personaje. Manuel simboliza la divinidad (Emmanuel -uno de los nombres de Cristo- significa 'Dios con nosotros'). El nombre de Ángela alude al ángel mensajero y Lázaro es el resucitado por Jesús. La carga simbólica del paisaje posee bastante más calado que la de los personajes; así pues, el pueblo representa la conexión con la historia y las montañas conectan a éste con el cielo. El lago es el elemento más importante y simboliza el vacío interior que sufre don Manuel, el lago -según apunta Lázaro Carreter- 'refleja el cielo a la vez que esconde una aldea muerta, que invita a elevarse hacia lo alto, ora a hundirse fatalmente en él'.
San Manuel Bueno, mártir es una obra muy breve (aunque esencial en la Literatura Española) y que ha de ser leída despacio, prestando atención. Imprescindible en nuestra biblioteca y que ha de formar parte de nuestro bagaje cultural.
Miguel Ángel García Guerra para Portal Solidario
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