La Fundación se estrenó en 1974, en un momento de debilidad del régimen franquista pero aún con la libertad de expresión amordazada. Estamos ante una obra que, a pesar de ser una tragedia en toda regla, abre una puerta a la esperanza, a la libertad a través de la búsqueda de la verdad. Es importante reseñar que La Fundación ha sido considerada, desde sus inicios, en clave política pero, con la perspectiva que nos otorga el paso del tiempo, comprendemos que nos encontramos ante una obra que se sumerge en nuestra conciencia.
La obra es muy larga y su excesiva extensión requiere que el director trabaje el texto para acomodarlo a las dos o dos horas y media que puede durar una representación. Así ha sido entendido desde que se representó por primera vez. La obra está dividida en dos partes que, a su vez, se subdividen en dos cuadros. La primera parte tiene por objeto presentar la trama dramática (que, por cierto, comienza in media res) y producir en el espectador una sensación de incomodidad por los extraños acontecimientos que tienen lugar. En la segunda parte, se revela la verdad, una verdad escondida tras el mundo que ha inventado el protagonista para evadirse de la realidad. Es en este momento cuando descubrimos que el protagonista no está en una fundación sino que se encuentra encerrado en una fría celda mientras espera su ejecución, pues está condenado a muerte. El conocimiento que posee el espectador de lo que en escena sucede siempre es parcial y las explicaciones van ofreciéndose poco a poco generando un clima de misterio y desasosiego. De este modo, es el personaje quien impone su punto de vista al público que asiste a la representación; por ello, este público habrá de estar atento a lo que acontece en la escena si no quiere perder el hilo del drama.
La obra posee además, una estructura circular, puesto que acaba igual que comienza, en la sala de una fundación (que sabemos imaginaria) pues, en realidad, es la celda de unos presos que están condenados a muerte, pues hemos de recordar que en 1974 la pena de muerte estaba plenamente vigente por la gracia del dictador.
He hablado mucho del espectador, pero esta obra de teatro tiene muy presente al lector y las acotaciones que éste encuentra a lo largo del texto son muy extensas y clarificadoras. La Fundación es un drama ciertamente importante en la obra del genial dramaturgo, si bien es bastante más complicada que otras de Buero Vallejo. Como muy bien señala Francisco Javier Díez de la Revenga, La Fundación plantea al espectador si prefiere escoger la verdad o sustituirla por un mundo imaginado e irreal que la oculte. Interesante dicotomía para la España dividida de la época; también para la de ahora.
Miguel Ángel García Guerra para Portal Solidario