Es importante reseñar que poco queda ya en Temblor de cielo del Vicente Huidobro creacionista que nos dejó anonadaos en Altazor. En esta ocasión, el poeta pretende más, transmitir una idea que crear un lenguaje poético nuevo; estamos ante una obra ciertamente más desesperanzada de lo que era Altazor; observábamos allí un final complejo caracterizado por la derrota pero también por un volver a empezar, un partir de cero. Por el contrario, en Temblor de cielo (basado en la ópera de Wagner Tristán e Isolda) se percibe una explícita desconfianza de todo.
Ha de saber el lector que se trata de texto que no cuenta con grandes complicaciones estilísticas pero que, sin embargo, entraña no poca dificultad y habremos de realizar un esfuerzo por desentrañar el significado que se esconde tras las preciosas imágenes poéticas que el autor nos brida con vertiginoso ritmo. El poeta logra mediante el continuo e imparable bombardeo de pequeñas frases una sucesión de ideas que se van acumulando en la mente de lector obligándole a establecer continuas relaciones entre los contenidos que encierran cada una de las sentencias si no quiere descolgarse de la narración. Su prosa poética tiene un inmenso poder de sugestión, poder que se acentúa notablemente cuando hace acto de aparición el erotismo, momentos en los que Huidobro pretende violentar la conciencia de quien lee asimilando erotismo y religión, como, por ejemplo, al identificar el cuerpo de una mujer con una catedral, de manera tal, que no es difícil imaginar la alarma y la fascinación que puede producir en unos lectores u otros. Huidobro jamás tuvo reparos en escribir lo que pensaba y sus referencias al anticristo (ya presentes en Altazor) son buena prueba de ello: ‘soy el ángel salvaje que cayó una mañana / en vuestras plantaciones de preceptos [...] el antipoeta’.
Acierta René de Costa cuando dice que en Temblor de cielo ‘El argumento es escueto y desarrollado a saltos, pasando del sentimiento de un cambio inminente [...] a un cataclísmico temblor de cielo cuyo resultado es doble: la muerte de Dios y la liberación sexual del hombre. El poema así resumido puede parecer trivial, pero no lo es’. Huidobro muestra el cinismo que rige la relación amorosa, una relación en donde el erotismo, a pesar de la pequeña felicidad que nos produce, no es -en modo alguno- una forma de salvación.
Los temas fundamentales de la obra se pueden condensar en dos fundamentalmente: la fugacidad de la vida y la incertidumbre del destino. Tanto la crítica como los lectores han obviado esta preciosa obra que, paradójicamente, su autor tenía en gran estima (como atestigua una carta que escribió a Miró Quesada) y que es esencial para comprender la evolución literaria de Vicente Huidobro. Temblor de cielo merece ser una de nuestras próximas lecturas.
Miguel Ángel García Guerra para Portal Solidario |