Su verdadero nombre era George Brummell. Nació en 1778, de familia humilde. Su fama alcanzó límites insospechados, llegándose a codear con toda la aristocracia inglesa, incluido el ámbito de la realeza. Su apodo le venía por su impecable aspecto y su arrogancia. Se vanagloriaba de varios excesos a la hora de arreglarse, por ejemplo, limpiar sus botas con champán, o disponer de varias personas para el cuidado de su pelo o para la elaboración de prendas tan nimias como unos guantes. Según él decía, un hombre viste elegantemente si no da la impresión de haberle prestando demasiado interés al atuendo, pero dejando siempre una buena impresión en los demás. Y él lo conseguía. Incluso parece ser que los aristócratas buscaban su amistad para acudir a su domicilio a verle colocarse la corbata, y así aprender de él. Llegó a ser un personaje asiduo del círculo de amigos del Príncipe de Gales, el futuro Jorge IV. Esto le permitía mantenerse a flote en esa sociedad de opulencia en que se movía, a pesar de que tenía contraídas múltiples deudas por su afición a los juegos de cartas, y al derroche en todo lo concerniente a su aspecto físico. Llegó a límites extremos en su arrogancia, y esto le provocó la caída de su puesto privilegiado. Su desdén hacia el propio Príncipe hizo que éste le echara de una de su reuniones, y aunque Jorge IV hubiera querido volver a aceptarle, sólo con que Brummell se lo hubiera pedido, esto no llegó a producirse jamás, ya que éste era una persona demasiado orgullosa. Se consideraba un ser tan superior a los demás, que no era capaz de disculparse. Y esto provocó que fuera perdiendo amigos y que las deudas le arrinconaran, llegando a obligarle a huir a Francia. Allí vivió el resto de su vida, con altibajos. Imaginándose que daba fiestas suntuosas a las que nadie acudía. Murió en el manicomio, en el año 1840. Realmente impuso un estilo de vida, en los círculos más elevados de la sociedad, que se perpetuó durante varios años, no solo en Inglaterra, sino también en el resto de Europa. Con la llegada de la reina Victoria al trono de Inglaterra, se acaba con todo este estilo pomposo en el vestir y las relaciones sociales, imponiéndose un extremado rigor. |