Las
ruinas de Nemrut Dag son el único resto del antiguo reino de Comagene,
que existió entre los años 162 a.d.C y el 72 d.d.C. Adquirió
gran importancia en su época por el hecho de ser el estado tapón
entre dos grandes imperios rivales: Romanos y Persas. De
hecho los gobernantes de Comagene se consideraban herederos de ambos y se tenían
como el punto de contacto entre Oriente y Occidente. A causa de esto, el rey Antíoco
pensó en crear una nueva religión que uniera ambos mundos. Así
surge el curioso panteón que hoy vemos en Nemrut Dag, donde las grandiosas
estatuas representan a los nuevos dioses: Zeus-Oromasdes, Apolo-Mitra y Hércules-Artagne.
El propio rey se divinizó, ordenando su inclusión entre el resto
de dioses. A su muerte, Antíoco I fue enterrado
allí, según los ritos de la nueva religión, pensando que
había sido el iniciador de una nueva era. Sin embargo, la población
no se sintió identificada con su extraño legado y el templo-mausoleo
fue abandonado. Olvidado por todos, Nemrut Dag sobrevivió
a invasiones y conquistas, hasta que un terremoto lo convirtió en un montón
de ruinas caóticas e incomprensibles para los habitantes de la zona, que
comenzaron a llamar al túmulo "el monte de los gigantes". Por
fin, en el año 1880 fue redescubierto por la ciencia, aunque sus misterios
aún no han podido ser interpretados. Se ha hallado un indescifrable horóscopo
celeste, pero lo que todavía no ha sido escontrado es la tumba de Antíoco.
Tal vez Nemrut Dag nos reserve alguna sorpresa en el futuro. |